Por quinto año consecutivo hemos presentado en Andalucía el informe que la Fundación CyD, realiza anualmente, para analizar la contribución de las Universidades al desarrollo y que ya se ha convertido en una referencia necesaria para conocer el estado de la cuestión del Sistema Universitario Español
Este informe, que hace un repaso completo de nuestro sistema y su imbricación con la sociedad, analiza la evolución de la oferta y demanda universitaria, del estado económico del sistema universitario español, de la situación de los Graduados universitarios ante el mercado de trabajo, de la situación de la investigación, de la cultura emprendedora y por último de las relaciones universidad empresa.
El Informe que se ha presentado finaliza con un Barómetro de opinión sobre la universidad en España y el Panorama frente a los ranking universitarios, y se acompaña asimismo con una MONOGRAFÍA sobre “La investigación y sus actores: institutos y centros de /+D y sus desafíos”, y de dos ANEXOS sobre “La regulación de la universidad en el Estado autonómico. 2009″ y “La universidad y empresa. Reflexiones y ejemplos de colaboración “
Un informe que podemos catalogar de ‘Valiente” y que permite una reflexión en profundidad de las líneas de futuro que hemos de marcarnos todos aquellos que tenemos responsabilidades en las Universidades y del que me gustaría indicar algunas de sus conclusiones:
Desde la consideración de que la Universidad española ha realizado un extraordinario avance en las dos últimas décadas, pero todavía debe asumir desafíos a nivel de gobernanza, financiación, internacionalización y organización del sector público investigador, el informe propone:
- Desarrollar con más intensidad las actividades de la tercera misión, en la línea de otros países europeos, estableciendo plataformas estables, incluso con personalidad jurídica propia, con las administraciones locales de su ámbito territorial, el caso de nuestra Corporación Tecnológica ha de verse como un ejemplo a seguir.
- Modificar los sistemas de gobernanza en las universidades para lograr un modelo más profesional y eficiente, con un mayor peso de miembros externos a la propia comunidad universitaria a la hora de la toma de decisiones estratégicas.
- Conceder una mayor autonomía a las universidades para definir su oferta académica, así como sus criterios de admisión de los alumnos.
- Aumentar sustancialmente el nivel de internacionalización.
- Plantear una política de recursos humanos que permita a las universidades desarrollar sus mejores opciones estratégicas.
- Modificar las pautas de financiación, asociando los recursos a los objetivos alcanzados con dotaciones públicas más relevantes, y un mayor equilibrio entre los precios públicos y el sistema de becas, que combine una mayor eficiencia y equidad en el sistema.
- Reorganizar el sector público investigador tomando como referente los institutos que han asumido una personalidad jurídica independiente, como fundaciones que se han alejado del marco funcionarial y han establecido acuerdos con el sector público, vinculados a los resultados obtenidos.
- Establecer unos sistemas de información que posibiliten la máxima transparencia a las universidades de modo individual y al sistema en su conjunto.
Cuestiones todas no exentas de polémica pero que, máxime cuando muchos países europeos ya las han puesto en marcha, mejorando sus resultados educativos e investigadores, tratan de encaminar el necesario esfuerzo que hay que seguir realizando, para transformar a nuestras universidades en una potente herramienta que contribuya al crecimiento económico y al bienestar social y las sitúe en el papel protagonista que deben desempeñar en la salida de la crisis.
Apliquemos estos principios a nuestras universidades y avancemos hacia el futuro